sábado, 6 de octubre de 2007

Generación del 98

También llamada generación del desastre en alusión a la pérdida de Cuba por España. A veces asociada con el modernismo literario, reflejó en gran medida las oscilaciones ideológicas de algunos de sus integrantes (las posturas socialistas y anarquistas a cierto énfasis nacional de corto alcance) y el no conseguir siempre resolver el ajuste entre su preocupación por el casticismo y el problema español, y las preguntas estrictamente ligadas al ejercicio de la literatura. Este ejercicio sólo fue posible a través de búsquedas más individuales y en el tránsito hacia propuestas estéticas de las generaciones próximas en el tiempo: la del 14 y la del 27.

Antonio Machado (1875-1939), poeta y prosista español, perteneciente al movimiento literario conocido como generación del 98. Probablemente sea el poeta de su época que más se lee todavía. Nació en Sevilla y vivió luego en Madrid, donde estudió. En 1893 publicó sus primeros escritos en prosa, mientras que sus primeros poemas aparecieron en 1901. Viajó a París en 1899, ciudad que volvió a visitar en 1902, año en el que conoció a Rubén Darío, del que sería gran amigo durante toda su vida. En Madrid, por esas mismas fechas conoció a Unamuno, Valle-Inclán, Juan Ramón Jiménez y otros destacados escritores con los que mantuvo una estrecha amistad. Fue catedrático de Francés, y se casó con Leonor Izquierdo, que murió en 1912. En 1927 fue elegido miembro de la Real Academia Española. Durante las décadas de 1920 y 1930 escribió teatro en compañía de su hermano, también poeta, Manuel, estrenando varias obras entre las que destacan La Lola se va a los puertos, de 1929, y La duquesa de Benamejí, de 1931. Cuando estalló la Guerra Civil española estaba en Madrid. Posteriormente se trasladó a Valencia, y Barcelona, y en enero de 1939 se exilió al pueblo francés de Colliure, donde murió en febrero.

OBRA: Su primer libro es Soledades, de 1903, unos poemas de carácter modernista, en los que destaca la emoción del momento y el sentido oculto de lo que le rodea. Campos de Castilla, de 1912, supone, aparte de una indagación sobre sí mismo, una consideración poética de un paisaje castellano humanizado de “la España que bosteza” junto con la emoción del amor perdido, y constituye uno de sus libros más conocidos y populares. En 1917 se publicaron Páginas escogidas, y la primera edición de Poesías completas.. Nuevas canciones, de 1914, continúa la línea sentenciosa y filosófica donde cada vez destaca más la crítica social, sin que desaparezca la resonancia lírica. En 1936, publicó un libro en prosa, Juan de Mairena. Sentencias, donaires, apuntes y recuerdos de un profesor apócrifo, que constituye una colección de ensayos que le presentan como uno de los prosistas menos convencionales del siglo XX. La Guerra Civil le impulsó a escribir poemas de tipo circunstancial y político, como ocurre en La guerra, de 1937, que no desdicen de su producción anterior.

Los «Proverbios y cantares» son poemas sentenciosos, didácticos y de honda tradición popular —y familiar— en los que Machado condensa su escepticismo divino-religioso como punto de apoyo para su ideario del porvenir español. Empezando con el escepticismo, seguido por la ignorancia, el fratricidio, la reconciliación y luego la fe secular, Machado nos plantea la necesidad de un saber comprometido con el trabajo, la comprensión humana, el amor al prójimo y una nueva España. En estos poemas, pues, tenemos no sólo las coordenadas del periplo poético de su obra mayor de Campos de Castilla, sino también el núcleo mismo de su filosofía sociopolítica. Los «Proverbios y cantares» suponen «cantares de pensador». Pero un pensador renovado, visionario, e incluso optimista, que dejó en su canto popular un didactismo de futuro para su pueblo.

Camino-Caminante. La poseía de Antonio Machado hace continuas referencias al camino. Para el poeta, camino tiene dos significados. Por un lado, está el camino entendido de forma literal. El término camino significa los diferentes lugares por donde el poeta ha estado. Machado era un grandísimo andarín y supo como nadie captar, fotografiar la sensación de caminar, entre verdes páramos, entre chopos y encinas castellanas, bordeando el río Duero. Machado fue un gran nómada, vivió en Sevilla, Madrid, Soria, Baeza y Segovia, lo que le obligó a estar siempre con la maleta presta: «yo para todo viaje, voy ligero de equipaje»...
Pero fundamentalmente, el camino para Machado es la vida, entendida ésta como un gran viaje, la mucha vida que ya ha dejado atrás. No pensemos tanto en el futuro, vivamos el presente («yo voy cantando, viajero»). Machado nos avisa del aspecto negativo que tiene pensar siempre en el mañana: «la tarde cayendo está». Es decir, tú mismo, tú verás lo que haces, cada minuto es uno de menos.
También es el camino de los sueños, como los surcos insondables de la mente humana. Son los pensamientos profundos del hombre, nunca reconocidos, porque a veces ni el soñador los reconoce: El hombre es vulnerable, la vida es frágil, no pensemos tanto en ella porque vivir es ya en sí mismo milagroso.
Caminante, es decir, viajero de la vida, busca tú mismo tu destino, nada está marcado, harás lo que tú quieras, pero debes avanzar tú, sin que te obsesione el pasado. No pienses en el futuro, el camino de hoy es el que importa. Las estelas, de espuma al fin, son el mensaje de las vidas de los otros, de aquellos que —para cada uno— han significado algo. Ésa es la única pista, quizás, que podemos tener en nuestro particular viaje.